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miércoles, 6 de julio de 2022

 Día 5. Valle de Guadalupe

 Gel antibacterial marca ACME........AQUI, híjoles se robaron la botella.


Para los profanos, el valle de Guadalupe es el productor del 90% del vino que se produce en 
este país, pero al ser poca la producción es muy caro para los estándares de precio españoles
 pero de una calidad excelente y muy diferente a los vinos de otros orígenes.




Le vamos a dedicar dos días a recorrerlo y convencerme que al abrigo de la marca BajaMed 
hay mucho cocinero arrivista con marketing atrás que con una tostada, un atún con jícama y
 una hoja de menta como adorno están convencidos que hacen alta cocina.

No quiero ser negativo pero hasta ahora esa es nuestra experiencia, veremos si pasado
mañana cambiamos de parecer.

Hoy desayunamos en la Cocina de Estela, un gran comedor en mitad de los viñedos muy 
afamado pero que  a la hora de elegir los platos hemos fallado o errado.

Eva se pide pellizcadas con queso y unto de cerdo  y yo gordita de maziza y gordita de borrego.
 Ambos platos han resultado ser unos tapona arterias chorreantes de grasa y muy lejos de
 nuestro agrado.





Lo mejor un queso blanco que al ponerlo sobre un totopo y regarlo con salsa picante producía una
aventura gustativa de alta gama.

Ante semejante frustración hemos querido olvidarla con una degustación de vinos.
Nos urgía regalarnos unos alcoholes que nos hicieran olvidar la “breakfast experience” y hartos
 de conducir por carreteras de tierra hemos entrado en la primera bodega que se nos apareció. 
Bodega Magoni. El calor nos invitaba a degustar vinos blancos fresquitos y eso hemos hecho 
bajo un encino gigantesco y con la amable compañía de Kenia que nos explicaba las diferentes
 características de los caldos de esa bodega.













El tener los vinos en unos recipientes con hielo no ayudaba a que estuvieran a la temperatura 
adecuada, pero lo sombra y la conversación ha hecho el momento muy agradable. Después de
 llegar a la conclusión de que estos vinos eran perfectamente olvidables, nos enteramos que el 
enólogo fue el creador del vino blanco que por décadas reinó en las mesas mexicanas
 “ Padre Kino, que padre vino”.

Seguimos explorando el valle y la señal de un león nos pone sobre aviso que hay alimañas sueltas.



La hora de comer se acerca y muchos de los restaurantes de las bodegas cierran los lunes y 
los martes y los pocos abiertos nos queda cerca el Latitud 32 de la bodega el Cielo.

De entrada un atún con jícama y aguacate que sin estar malo producía menos impresión que ver
 a dos pingüinos besándose.

Para segundo plato, Eva se ha emocionado al leer  en la carta que había  una ensalada César 
tatemada…... ha resultado ser un fiasco de categoría.


A mi me acompañó la suerte ya que mi tostada de pulpo estaba excelsa, y el vino, ay el vino,
Eclipse se denominaba……...muy bueno, no, buenísimo.




Al llegar al hotel hemos convertido el lavamanos en un refrigerador para cervezas y nos 
estamos deleitando con unas  IPA´s tremendamente frías y sabrosas que no me están ayudando
a redactar, más bien todo lo contrario.



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