Día 3 Playas de Tijuana y Rosarito
Desayunamos frente el mar un platón circular de chilaquiles verdes con dos huevos y café campechano de olla y americano.
La playa, como todo lo relacionado con el mar es bonita, pero los edificios, las calles, el pavimento y el paseo de madera que bordea la playa pareciera que nunca se terminó, que a la hora de los detalles lo dejaron todo a medio hacer.
La playa al ser domingo está empezando a llenarse, abundan los vendedores de sombreros, jugos de frutas y clamatos, bebida a base de jugo de tomate y caldo de almejas al que se le añade chile en polvo y sirve para reconstituirse después de una noche de excesos.
Al fondo siempre la ignominia de la valla que mantiene a los gringos en su getto y al resto del mundo con la libertad de moverse.
Y todo lo anterior deja de tener importancia cuando empieza la fiesta. Suena música de tambora y aparecen unos danzantes que con la melopea musical entran en éxtasis y dan vueltas y vueltas sobre el entarimado del paseo y no falta el espontaneo que enardece a la multitud.
continua la fiesta pero ahora con video que subí a you tube. Demasiado pesado para subirlo directamente al blog.
Rosarito, unos 20 km al sur es pueblo playero con mucho bar de playa y lleno de californianos y californianas con exceso de peso y dispuestos a hidratarse hasta morir. Ellos no saben que el alcohol deshidrata.
Entre tequila y tequila, un juguito de frutas
La playa atascada nos ha hecho escapar hacia zonas menos pobladas donde se encontraba La marisquería Popotla.
Con cervezas frescas Estrella de Jalisco hemos empujado una docena de ostiones, tostadas de ceviche de pescado y camarón y tacos variados. Unos se exceden bebiendo y otros lo hacemos comiendo.















Este es mi Juanín y su estrella que vuelven por sus fueros, ¡endavant!, Pau.
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